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Headshot profesional: Guía para elegir bien tu ropa

headshot profesional del CEO de una empresa feliz con actitud de bienvenida

Headshot profesional: Guía para elegir bien tu ropa

En un headshot profesional, la ropa que eliges habla antes que tú. La imagen es mucho más que una foto: es la primera impresión que das a clientes, colaboradores y empleadores. Y aunque cada sesión es única, hay principios que pueden ayudarte a elegir bien.

En mi trabajo como fotógrafo de retrato editorial y corporativo, alguno de mis clientes deciden seleccionar ellos mismos su vestuario. En ese caso, ofrezco a mis clientes una guía PDF detallada con consejos de vestuario para que hacer la maleta sea más fácil y lleguen preparados. Durante la sesión, puedo sugerir ajustes y combinaciones en función de lo que hayan traído. Y, para quienes prefieren delegar, pueden contratar a través mío un estilista profesional que se encargue de todo.

Este artículo recoge lo esencial de esa guía, con recomendaciones que funcionan en la mayoría de contextos para que tu headshot profesional sea exitoso.


1. Adapta tu vestimenta a tu sector y mensaje

Tu ropa debe ser coherente con la imagen que quieres proyectar. No tendría sentido que un chef posara con traje o un ejecutivo con mono de trabajo.

Si tu sector es formal, apuesta por piezas clásicas y elegantes; si es creativo, incorpora elementos distintivos que cuenten tu historia. La clave es no disfrazarte: si no usas corbata en tu día a día, no la incluyas para la sesión.


2. Busca versatilidad en tus headshot profesionales y retratos

Las imágenes que creamos en una sesión de headshot professional retrato editorial y corporativo pueden tener múltiples usos: LinkedIn, página web, dossier, prensa. Por eso recomiendo llevar varios cambios de ropa para lograr desde un look más formal a otro más cercano.

Las prendas de entretiempo y atemporales son ideales: no asocian tu imagen a una estación concreta y se ven actuales por más tiempo.


3. Elige ropa que te represente

Más allá de tendencias, la ropa debe reflejar quién eres. Cuando te sientes cómodo, tu expresión y postura lo transmiten. Durante la sesión, observo cómo interactúas con cada prenda y sugiero lo que mejor te favorece, pero la decisión final siempre es tuya.


4. Colores y texturas que funcionan

En fotografía, los tonos fríos, oscuros y pastel suelen favorecer más que los colores demasiado vivos. Evita estampados grandes o telas brillantes que puedan robar protagonismo a tu rostro.

En entornos corporativos, recomiendo hombros cubiertos y escotes moderados, ya que siguen transmitiendo profesionalidad, sobre todo en cargos directivos.


5. Psicología del color

  • Azul marino, gris, negro: autoridad y confianza.
  • Blanco, beige: claridad y accesibilidad.
  • Pasteles: cercanía y calma.
  • Rojo: energía y determinación, pero úsalo en pequeños toques.

6. Errores comunes a evitar

  • Estrenar ropa el mismo día de la sesión (puede no ajustarse bien).
  • Llevar prendas arrugadas o con pelusas.
  • Usar accesorios que roben protagonismo al rostro.
  • Confiar solo en un único look para todos los usos.

7. Mini guía de estilos

  • Formal: traje o blazer bien entallado, camisa lisa, colores neutros.
  • Casual elegante: camisa o blusa sin chaqueta, pantalón de buen corte.
  • Creativo: prendas con textura, capas, o un accesorio distintivo pero no invasivo.

Dicho esto no dudes en poner vestuario adicional, nos gusta experimentar.


8. Asesoría y apoyo adicional

Recibirás mi guía PDF de vestuario al reservar tu sesión, para que prepares tu maleta con seguridad. Si quieres delegar completamente, puedo recomendarte estilistas con los que trabajo para que se ocupen de todo, desde la selección de prendas hasta el ajuste final antes de disparar.


En resumen

Elegir bien tu ropa para un headshot profesional es una inversión en tu imagen y en cómo te perciben. Una prenda equivocada puede restar fuerza a tu presencia; una elección acertada, potenciarla. Mira ejemplos https://juliobarcena.com/es/headshot-y-retrato-profesional/

Para finalizar me gustaría dejarte algunos ejemplos de como mis clientes usan las imágenes y como su vestuario acompaña al mensaje que estamos tratando de comunicar.

Información adicional en:

Puedes informarte sobre mis sesiones 👉 Reserva tu cita aquí

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2025 Retrato fotográfico auténtico

Retrato fotográfico

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Creatividad y copia: El dilema del fotógrafo en la era de la repetición

Creatividad

Lo vemos en todas partes, en la moda, en el arte, en la fotografía. La creatividad sigue siendo la gran protagonista en los discursos, pero en la práctica, lo que triunfa es la repetición. Cada imagen nueva es, en realidad, un eco de algo anterior, una variación de una fórmula que ya funcionó. Se aplaude la originalidad, pero se premia la copia. La inteligencia artificial no ha hecho más que acelerar este proceso, convirtiendo la innovación en un refrito de referencias. Para un fotógrafo, esto plantea un desafío: ¿cómo destacar cuando todo se replica? La respuesta no está en evitar ser imitado, sino en construir un trabajo tan personal que, aunque sea copiado, siga siendo inconfundible.

Nos dicen que la creatividad es el valor más alto en el mundo del arte y la fotografía. Que el trabajo de autor es lo que realmente importa. Pero la realidad es distinta: vivimos en una era donde copiar no solo está aceptado, sino que se ha convertido en la norma.

Ser original es un reto cuando lo que se premia es la repetición. En fotografía, lo vemos con tendencias que se replican hasta el infinito en redes sociales. Una idea fresca y auténtica apenas tiene tiempo de respirar antes de ser copiada, convertida en fórmula y explotada por otros. El trabajo de autor, ese que refleja la visión única del fotógrafo, queda relegado. Lo que vende no es la autenticidad, sino la capacidad de adaptar lo que ya funciona a un formato masivo y accesible.

La inteligencia artificial acelera este proceso. Se nutre de millones de imágenes para generar fotografías nuevas que no parten de una idea original, sino de un refrito de lo ya existente. Se presenta como una herramienta creativa, pero en realidad es una máquina de reciclaje visual. Para el fotógrafo, esto supone un reto: ¿cómo defender su trabajo de autor en un mundo donde la copia es la norma?

Aunque parezca que la copia domina, la creatividad sigue siendo la chispa que lo inicia todo. El verdadero fotógrafo no es quien sigue tendencias, sino quien las anticipa o rompe con ellas. En un mundo saturado de imágenes repetidas, el trabajo de autor es lo único que sigue teniendo valor real. La clave no está en luchar contra la copia, sino en encontrar siempre una nueva manera de contar la historia.

Si todo se copia, lo que realmente importa es la visión única de cada fotógrafo. La creatividad no se trata solo de ser original, sino de ser inimitable.

We see it everywhere—in fashion, art, and photography. Creativity remains the centerpiece of discourse, yet in practice, repetition reigns. Every new image is, in reality, an echo of something that came before, a variation of a formula that has already proven successful. Originality is applauded, but copying is rewarded. Artificial intelligence has only accelerated this process, turning innovation into a remix of past references. For photographers, this presents a challenge: how can one stand out when everything is being replicated? The answer does not lie in avoiding imitation but in creating a body of work so personal that, even when copied, it remains unmistakable.

We are told that creativity is the highest value in the world of art and photography, that authorial work is what truly matters. But the reality is different: we live in an era where copying is not only accepted but has become the norm.

Being original is a challenge when repetition is what gets rewarded. In photography, we see it in trends that are endlessly reproduced on social media. A fresh and authentic idea barely has time to breathe before it is copied, turned into a formula, and exploited by others. The photographer’s unique vision, their authorial work, is pushed aside. What sells is not authenticity but the ability to adapt what already works into a format that is mass-produced and easily digestible.

Artificial intelligence accelerates this process. It feeds on millions of images to generate new photographs that do not originate from an original idea but rather from a rehash of what already exists. It is presented as a creative tool, but in reality, it is a visual recycling machine. For photographers, this raises a critical question: how can they defend their authorial work in a world where copying is the standard?

Despite appearances, creativity is still the spark that ignites everything. The true photographer is not the one who follows trends but the one who anticipates or disrupts them. In a world oversaturated with repetitive images, authorial work remains the only thing with genuine value. The key is not to fight against copying but to continually find new ways to tell the story.

If everything is copied, the only thing that truly matters is each photographer’s unique vision. Creativity is not just about being original—it is about being inimitable.

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Storytelling: Hablar bien de uno mismo

Una buena historia, o storytelling, siempre creará conexión ya sea cierta o no. De ahí que un escritor pueda hacer una maravilla de la construcción de una catedral a pesar de no haber estado vivo en ese momento. Pero la situación cambia cuando hablamos de nosotros mismos. ¿Podemos contar historias creíbles? Y lo que es más importante, ¿se mantendrán en el tiempo? Llamamos autenticidad a la capacidad de crear confianza y conservarla.

Nuestra posición en el mundo

Lo primero que debemos saber es que no es obligatorio contar ninguna historia. Si decidimos no hacerlo, podemos permanecer en el anonimato, un lugar del que muchos intentan huir, pero que ofrece sus propios encantos: privacidad y pausa si son necesarias. Pero si ya estamos en el escenario público o queremos entrar en él, ¿cuál es la importancia de contar nuestra historia?

El primero que hable de nosotros tendrá el control del relato. Por lo tanto, antes de que otros lo hagan por nosotros, debemos hacerlo nosotros mismos. La imagen que los demás tengan de nuestras capacidades y valores dependerá de ello. En este sentido, hablar de nuestros puntos fuertes nos permitirá construir una narrativa auténtica y persuasiva. La clave es ser genuinos en un mundo saturado de historias. Y hemos denominado storytelling al arte de captar la atención.

Una vez que hemos salido del anonimato, debemos comunicar nuestro valor con constancia. ¿Por qué? Porque lo que no queremos es ser olvidados. No se trata solo de ser relevantes, sino de que nuestra historia tenga un impacto duradero. Entonces, ¿cuál es nuestro valor? La buena noticia es que lo tenemos simplemente por ser humanos que sienten. Solo necesitamos aprender a mostrarlo. No es necesario inventar nada. Puede parecer aburrido o poco importante, pero es auténtico, y la autenticidad es lo que más se busca en este mundo de copias.

La importancia del receptor

No tiene sentido contar una historia solo para nosotros mismos, a menos que estemos tratando de autoengañarnos. Toda comunicación requiere un emisor, un mensaje y un receptor. Y el receptor, como nosotros, también tiene su historia, sus valores y su propia audiencia. Es posible que lleve más tiempo contando su historia, que lo haga con mayor frecuencia y que sea más aplaudido. Por ello, nuestra historia debe encontrar su propio espacio, generando conexiones y atrayendo la atención de forma genuina.

Sin embargo, en la búsqueda de visibilidad, corremos el riesgo de volvernos autómatas, atrapados en conversaciones triviales o en aspiraciones que nos generan ansiedad en lugar de acercarnos a los demás. Para evitarlo, debemos recordar que una conexión auténtica y relevante se da entre personas reales, no entre representaciones de personas. Esto requiere tiempo de calidad, es decir, atención plena. Una buena historia, ya sea real o no, debe conectar con las emociones y mostrar cierta vulnerabilidad. Veámoslo con más detalle.

La autocrítica y la conciencia de uno mismo

Hablar bien de nosotros mismos debe ser una experiencia satisfactoria que se logre desde la consciencia plena y la autenticidad. Nos ayuda a reconocer nuestros logros sin apego al ego y a comunicar nuestra historia con humildad y seguridad. Al estar presentes en el momento, evitamos juicios autocríticos innecesarios y expresamos nuestras fortalezas con claridad y equilibrio. La autoafirmación no es arrogancia, sino un acto de autoconocimiento y autoaceptación.

La falsa humildad y el miedo a la percepción ajena

Uno de los principales obstáculos al hablar bien de uno mismo es el miedo a ser percibidos como presuntuosos. Este temor nos lleva a minimizar logros, a restar importancia a nuestras experiencias o, peor aún, a no mencionarlas en absoluto. No obstante, si no contamos nuestra historia, alguien más lo hará por nosotros o, lo que es peor, pasaremos desapercibidos. La clave está en encontrar un equilibrio: compartir nuestras fortalezas sin caer en la exageración y hacerlo con una narrativa que invite a la conexión en lugar de la admiración pasiva.

Storytelling: el puente entre la experiencia y la emoción

El storytelling es la herramienta perfecta para hablar bien de uno mismo sin que parezca una lista de logros vacíos. No se trata de enumerar premios o cargos ocupados, sino de contar la historia detrás de esos hitos: ¿qué desafíos enfrentamos?, ¿qué lecciones aprendimos?, ¿cómo impactamos a otros con nuestro trabajo? Al estructurar nuestro relato de esta manera, transformamos nuestra trayectoria en algo memorable y significativo para quienes nos escuchan.

Somos seres narrativos, lo que significa que empatizamos, atendemos y nos sentimos reconocidos a través de las historias. Por eso, hoy en día, un buen narrador es tan valorado. En un mundo donde todos somos una marca personal, necesitamos vender algo, y eso se logra creando comunidad. Para algunos es una oportunidad, para otros es demoledor y, para la mayoría, es extenuante. Entonces, ¿qué hace que un relato sea bueno?

De manera simple y convencional, un buen relato personal sigue los mismos principios que cualquier gran historia: tiene un protagonista (nosotros mismos), un conflicto (los obstáculos que superamos) y una resolución (cómo crecimos y qué aportamos al mundo). Cuando enmarcamos nuestra narrativa en este formato, logramos que los demás no solo entiendan nuestros logros, sino que también los sientan como relevantes y cercanos. Y, lo que es más importante, muchas veces asumirán que así fue.

Autenticidad y coherencia: las bases de un buen discurso sobre uno mismo

Para comunicar con autenticidad es fundamental conocernos bien: identificar nuestras fortalezas y valores, así como reconocer nuestras áreas de mejora. Una historia personal genuina, contada desde la verdad y la coherencia, tiene el poder de conectar con los demás de manera profunda y significativa. En otras palabras, podemos evitar ser meros contadores de cuentos si nos ceñimos a la verdad.

La coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos refuerza nuestra credibilidad. Si nuestra narrativa enfatiza la innovación, pero nuestras acciones reflejan conformismo, el mensaje pierde fuerza. La comunicación efectiva no solo se basa en las palabras, sino también en la manera en que vivimos nuestra historia día a día.

Hablar bien de uno mismo es una responsabilidad

En un mundo saturado de información y competencia, saber contar nuestra historia no es un lujo, sino una necesidad. No se trata de inflar el ego ni de buscar validación externa, sino de asumir la responsabilidad de comunicar con claridad quiénes somos, qué hacemos y por qué importa. Cada conversación, presentación y encuentro es una oportunidad para compartir nuestra visión y dejar una impresión significativa en los demás.

Dominar este arte no solo impulsa nuestro crecimiento profesional, sino que también nos permite inspirar y motivar a otros. Cuando hablamos bien de nosotros mismos desde un lugar de autenticidad y propósito, contribuimos a la construcción de relatos más ricos y humanos en el tejido de nuestras relaciones y comunidades. Porque, al final, la historia que contamos sobre nosotros mismos no solo define cómo nos ven los demás, sino también cómo nos vemos a nosotros mismos.

English Version

Storytelling: The Art of Telling Our Best Story

A good story, or storytelling, will always create a connection, whether it is true or not. That is why a writer can craft a masterpiece about the construction of a cathedral despite never having been alive at the time. But the situation changes when we talk about ourselves. Can we tell believable stories? And more importantly, will they stand the test of time? We call authenticity the ability to build trust and maintain it.

Our Position in the World

The first thing we must understand is that telling a story is not mandatory. If we choose not to, we can remain anonymous—a place many try to escape, but one that offers its own charms: privacy and pause when needed. But if we are already in the public eye or wish to enter it, why is telling our story important?

Whoever speaks about us first will control the narrative. Therefore, before others do it for us, we must do it ourselves. The image others have of our abilities and values will depend on it. In this sense, speaking about our strengths allows us to build an authentic and persuasive narrative. The key is to be genuine in a world saturated with stories.

Once we have stepped out of anonymity, we must communicate our value consistently. Why? Because we do not want to be forgotten. It is not just about being relevant; it is about ensuring our story has a lasting impact. So, what is our value? The good news is that we have it simply by being human and feeling. We just need to learn how to showcase it. There is no need to invent anything. It may seem boring or insignificant, but it is authentic, and authenticity is what is most sought after in this world of copies.

The Importance of the Audience

Telling a story solely for ourselves makes no sense unless we are trying to deceive ourselves. All communication requires a sender, a message, and a receiver. And the receiver, like us, also has their own story, values, and audience. They may have been telling their story for longer, doing it more frequently, and receiving more applause. Therefore, our story must carve out its own space, creating connections and drawing attention in a genuine way.

However, in the pursuit of visibility, we risk becoming automatons, trapped in trivial conversations or aspirations that generate anxiety rather than bringing us closer to others. To avoid this, we must remember that an authentic and meaningful connection happens between real people, not between representations of people. This requires quality time—genuine attention. A good story, whether true or not, should connect with emotions and reveal some vulnerability. Let’s explore this in more detail.

Self-Criticism and Self-Awareness

Speaking well of ourselves should be a fulfilling experience achieved through full awareness and authenticity. It helps us recognize our achievements without attachment to ego and communicate our story with humility and confidence. By being present in the moment, we avoid unnecessary self-criticism and express our strengths with clarity and balance. Self-affirmation is not arrogance; it is an act of self-knowledge and self-acceptance.

False Humility and Fear of Others’ Perception

One of the main obstacles to speaking well of ourselves is the fear of being perceived as arrogant. This fear leads us to downplay achievements, diminish the importance of our experiences, or, worse yet, not mention them at all. However, if we do not tell our story, someone else will do it for us—or worse, we will go unnoticed. The key is to find a balance: sharing our strengths without exaggeration and doing so with a narrative that invites connection rather than passive admiration.

Storytelling: The Bridge Between Experience and Emotion

Storytelling is the perfect tool for speaking well of ourselves without making it seem like a list of empty achievements. It is not about listing awards or job titles but about telling the story behind those milestones: What challenges did we face? What lessons did we learn? How did we impact others with our work? Structuring our narrative this way transforms our journey into something memorable and meaningful for our audience.

We are narrative beings, meaning we empathize, pay attention, and feel recognized through stories. That is why a good storyteller is so highly valued today. In a world where everyone is a personal brand, we need to sell something, and that is done by building a community. For some, this is an opportunity; for others, it is overwhelming; and for most, it is exhausting. So, what makes a story good?

In a simple and conventional way, a good personal story follows the same principles as any great tale: it has a protagonist (ourselves), a conflict (the obstacles we overcome), and a resolution (how we grew and what we contribute to the world). When we frame our narrative in this format, we help others not only understand our achievements but also feel them as relevant and relatable. And more importantly, they will often take for granted that this is how things really happened.

Authenticity and Coherence: The Foundations of a Good Self-Narrative

To communicate authentically, we must know ourselves well: identify our strengths and values while also acknowledging our areas for improvement. A genuine personal story, told with truth and coherence, has the power to connect with others on a deep and meaningful level. In other words, we can avoid being mere storytellers if we stick to the truth.

The coherence between what we say and what we do reinforces our credibility. If our narrative emphasizes innovation but our actions reflect complacency, our message loses strength. Effective communication is not just about words; it is also about how we live our story every day.

Speaking Well of Oneself Is a Responsibility

In a world saturated with information and competition, knowing how to tell our story is not a luxury—it is a necessity. It is not about inflating our ego or seeking external validation but about taking responsibility for clearly communicating who we are, what we do, and why it matters. Every conversation, presentation, and encounter is an opportunity to share our vision and leave a meaningful impression on others.

Mastering this art not only drives our professional growth but also allows us to inspire and motivate others. When we speak well of ourselves from a place of authenticity and purpose, we contribute to the creation of richer, more human narratives in the fabric of our relationships and communities. Because, in the end, the story we tell about ourselves not only defines how others see us but also how we see ourselves.

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El auténtico sexo de las fotografías / 1

Fotografía y arte: más allá del género en la obra de un artista.

Ayer participé en una mesa redonda dedicada al arte, con un enfoque especial en la fotografía. Éramos cuatro ponentes: dos hombres y dos mujeres. Paridad perfecta. Compartí mesa con Carla Armengol, Ulrika Talling-Smith y Rani Bruchstein. Tuvimos la suerte de contar con público presencial y también con quienes se unieron en línea. Disfruté enormemente de todo lo que aprendí durante la sesión.

No era mi primera vez frente a una cámara, ni tampoco mi primera intervención en conferencias o talleres. Aun así, cuando algo consigue sorprenderme, me siento agradecido. En esta ocasión se abordaron muchos temas, y desde una perspectiva algo distinta a la que estoy acostumbrado. En varios momentos, las preguntas giraron en torno a la relación del artista con su obra. No hablo del viejo debate sobre si el arte debe separarse de su autor, sino de cómo la pasión nos impulsa a crear y cómo nuestra vida personal influye en lo que hacemos.

Esto no es tan distinto a lo que le sucede a cualquier otra persona, pero en el caso de los artistas, esa influencia puede verse como virtud, defecto o incluso como una sublimación de la condición humana. Todo depende del propio artista y de quién formule la pregunta. Al final, todos coincidimos, de una manera u otra, en que somos víctimas de nuestra propia humanidad. Lo interesante es cómo cada uno desarrolla estrategias para convivir con esa realidad.

No pretendo reinterpretar lo que expresaron mis compañeros de mesa —lo hicieron de forma brillante—, pero sí subrayar que compartimos la visión de que nuestro trabajo es, al mismo tiempo, refugio y plataforma. El acto de crear es un espacio único y casi mágico donde exploramos emociones y territorios íntimos, pero también es una forma de conectar con el público: una especie de red social de carne y hueso.

Ulrika vive su trabajo como un empeño global, donde las relaciones con otros artistas y el propio acto de exponer forman parte de su expresión creativa. Para Rani, es un proceso que requiere tiempo, y la sesión fotográfica es solo la culminación necesaria de todo lo que la precede. Para Carla, es el resultado de una apuesta personal: firme, audaz y absolutamente propia. En mi caso, lo vivo como una necesidad vital, tan natural como respirar, pero siempre impregnada de observación y síntesis.

Tras la charla llegó el turno de preguntas del público. Una de ellas me llamó la atención, no porque no la hubiera escuchado antes, sino porque era la primera vez que debía responderla de forma directa:
“¿Influye el género del artista en el resultado final de su obra?”

Creo que la sesión fue grabada, así que podrás ver nuestras respuestas completas, pero aquí comparto la mía. Como seres humanos, tenemos la capacidad de dejar una huella personal en lo que creamos. Esto ocurre al margen del talento; basta con desarrollar esa habilidad y querer emplearla. No hablo de creatividad, sino de originalidad. La creatividad se puede entrenar. El talento también. Pero la originalidad… ahí ya no estoy tan seguro. Y, en mi opinión, la originalidad no tiene nada que ver con el género.

Si lo que creamos es genuino y no una simple copia, ninguno de nosotros llegará jamás al mismo resultado, porque todos somos diferentes, sin importar el género.
Entonces, ¿por qué vemos patrones en la forma en que se materializan las obras? Porque nada es blanco o negro. Tenemos miedos, experiencias, creencias, cultura, aspiraciones, familia, hijos… Un sinfín de factores que nos moldean, y nuestro arte se moldea con ellos. Solo cuando alcanzamos una conexión espiritual profunda, nuestro trabajo puede trascender todo eso. Y en ese momento, el arte deja de tener género.

En mi caso, solo lo he conseguido en instantes fugaces. Pero, al menos, sé que he estado allí.


Enlaces recomendados para profundizar en el tema:


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El secreto de un buen retrato

La vida real es muy difícil de encontrar; por eso preferimos las virtuales. No me refiero solo a las que se viven online, sino a cualquiera que elegimos en nuestro universo personal porque es más conveniente.

En la fotografía de retrato ocurre lo mismo. Encontrar a la verdadera persona es muy complicado; por eso prefiero a la que puedo ver, la que tengo frente a mí, la que sí puedo fotografiar. Algunos podrían equivocarse pensando que esto se debe a una falta de amor por el esfuerzo. Nada más lejos de la realidad. Es, más bien, una cuestión de oportunidad.

Todos, sin excepción, queremos ser reconocidos. Sin embargo, lo ponemos muy difícil. Años de mala educación, experiencias quizá dolorosas, una sociedad que adora la idoneidad y penaliza la imperfección… En este entorno, ¿cómo ser uno mismo y no morir en el intento? No queremos decepcionar, por miedo a sentir el rechazo de nuestros iguales, que puede ser incluso mortal: quedarnos solos y enfrentarnos a los peligros naturales. Por lo tanto, nos envolvemos en otros «yo», a veces diseñados específicamente para sobrevivir. Como líder, como súbdito, como bufón, como cortesano, como gusano… El papel da igual, siempre que asegure la supervivencia. Porque en cada uno de ellos podemos encontrar una historia que lo vuelve real.

Y ahí entro yo. Como retratista, me interesa esa historia. Ni siquiera espero que sea real; como primer paso, solo espero ser capaz de identificarla. Los días en los que lo consigo, en los que me siento afortunado, entonces puedo hacer algo más: buscar las emociones tras ellas, los detalles que nos llevaron a esa historia. Esas emociones tan democráticas y necesarias para crear vínculos cuya misión es avisarnos de nuestra realidad y que a veces incluso la construimos al no entenderlas. Una realidad tejida por la necesidad de supervivencia, tan relacionada con sentirnos parte de un grupo, y por las historias que contamos para hacerla creíble. De esta forma, podemos crear puentes con los demás, sean reales o virtuales. No importa, siempre que funcionen. Llevo años fotografiando estos puentes comerciales, ficticios. En realidad, vivimos en ese mundo, y es tan real como cualquier otro, aunque no necesariamente conectado con nuestra esencia.

Como autor y retratista, me interesa llegar a los puentes que construimos interiormente, completamente ajenos a modas y culturas. Nuestras honestas conexiones internas. Esas historias sobre nosotros mismos que elaboramos para explicarnos por qué somos como somos, qué nos hace vibrar y cuál es nuestro lugar en el mundo. Me siento afortunado cada vez que tengo la oportunidad de fotografiar una historia genuina entre tanta historia ficticia.

Y el retratado dice: “Tras años de construcción de mi mundo ideal ¿qué sentido tiene revelar el truco? ¿Por qué querría desvelar mis miedos o imperfecciones?” No lo hago, si es que las hubiera. Una sesión de retrato no es un interrogatorio donde aspire a encontrar la verdad. No es un test psicológico en el que pueda encontrar la mentira a través de un análisis. Tampoco una confesión que ofrezca la redención.

Un buen retrato nace de una conversación, donde dos personas crean un lugar de confianza para construir un puente, esta vez genuino y solidificado en una imagen. Y gracias a la imagen perdura, puede observarse tanto tiempo como sea necesario, por ti mismo o por otros. Y es en esa observación donde vuelven los sentimientos y emociones genuinas de uno mismo, las que nos hacen quienes somos, y que conviene no olvidar. Son la señal que nos permite encontrar el agua potable en la inundación de imágenes corrientes. Son el ancla a través de los años.

Más imágenes aquí. https://juliobarcena.com/la-vanguardia-ferran-adria-manuel-vilas/